Manos que transforman

Manos que transforman

Vivimos en un mundo cada vez más acelerado donde treinta segundos de un audio de whatsapp nos parecen una eternidad y un video que dura más de un minuto no pasa la prueba de “omitir anuncio”.

 

Vivimos tan apurados que ya no toleramos la espera y nos acostumbramos a vivir en serie. Todos los días, sin darnos cuenta, nos sumergimos en la burbuja del acelere y le cedemos a la rutina nuestras horas más valiosas.

 

Queremos todo ya: la comida rápida, el ejercicio rápido, la moda rápida, todo tan rápido que pierde valor.

 

Por eso, nosotras preferimos romper el molde y parar la máquina. Preferimos darles a nuestras piezas el valor que se merecen y decidimos no ser algo “más del montón”. Pensamos entonces, que la mejor manera de lograrlo es no perdiendo nunca la magia del trabajo “hecho a mano”.

 

Cada pieza de Cristálida tiene un riguroso paso a paso que lleva su tiempo y para nosotras se transforma en un ritual… ¡que nos encanta!.

Nuestro día comienza temprano, donde en compañía de un mate o café calentito, comenzamos a cortar el vidrio para luego llegar a uno de los pasos más lindos: el de pintarlos uno por uno con pigmentos y óxidos especiales para alta temperatura. Una vez realizado ese paso, limpiamos los bordes de cada vidrio para dejarlos reposar en placas especiales.

Por último, comienza la acción: el horno llega a una temperatura de 810 grados y así logra fusionar las moléculas del vidrio con los esmaltes y transforma los colores. Así, logramos tener la pieza de vidrio hecho arte para ensamblar con el cuero.

 

El resultado es una pieza única que nunca termina siendo igual a otra y eso es lo lindo del trabajo hecho a mano: que es diferente.

 

Esperamos que cada pieza que realizamos nunca pierda el valor de lo diferente, de lo único y hecho a mano. Así como el proceso de creación lleva su tiempo, pretendemos que sea un accesorio atemporal, que no siga modas, pero que siga los pasos de quien decida llevarlas en su piel, durante mucho tiempo.

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